En momentos realmente difíciles, muchos experimentamos una mezcla extraña de confusión, urgencia, precipitación, ideas negativas y catastrofistas..., todo unido a la sensación de que, sin más dilatación, debemos tomar una serie de decisiones drásticas debido al grado de ansiedad que nos embarga.
En estas situaciones muchas personas deciden separarse o terminar una relación afectiva; otros piensan en dejar los estudios, cambiar de trabajo, de casa, de ciudad, como si nada pudiera seguir en su sitio. De repente nos sentimos más negativos que de costumbre, abrimos un montón de frentes y al final terminamos siendo insoportables, derrotados y, me pregunto, ¿Qué nos ocurre para que de repente todo parezca desmoronarse?.
Sencillamente pienso que en esas circunstancias prevalece nuestra parte irracional sobre la racional y hacemos lo contrario de lo que deberíamos hacer.
Es muy difícil que coincida lo que piensas, lo que sientes, lo que dices, con lo que haces; sólo en desastres importantes hay esta coherencia en el pensar, sentir, hablar y en el hacer.
Lo mejor sería que en momentos difíciles procurar no tomar decisiones importantes y, reunir toda la energía necesaria para intentar animarnos y no machacarnos ni machacar a los demás sin piedad.
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Los tiempos de crisis son momentos en los cuales nos abruman sentimientos de dolor y angustia. Esas emociones, sin embargo, no son buenas consejeras a la hora de tomar decisiones. Nos impulsan a resoluciones que tienen como objetivo principal aliviar nuestra angustia y sacarnos de la situación en que estamos. La crisis, cualquiera sea su origen y magnitud, requiere de nosotros un comportamiento disciplinado y sabio. Apuntes Pastorales le ofrece algunos consejos prácticos para que esta experiencia tenga un desenlace más provechoso. 1. Busque con quién compartir su dolor Nuestra tendencia, en tiempos de crisis, es aislarnos. El estar aislado simplemente nos lleva a convivir solos con nuestra angustia, pero no contribuye a ningún tipo de mejoría. Dios nos ha creado con una necesidad de contacto y comunión con otros seres humanos, tanto en tiempos de alegría como en tiempos de dolor. Por eso, necesitamos acercarnos a alguien que tenga vocación de servicio, con disposición de escuchar y llorar con nosotros. Son los mejores amigos cuando abundan las lágrimas. 2. Sea genuino Una gran parte del dolor que sentimos en tiempos de crisis viene de nuestra propia reacción a la situación vivida. Tristemente, muchos cristianos se consideran más «espirituales» si intentan mantener una postura de fortaleza, que no permita las lágrimas, la tristeza o el desánimo. Para ellos esto es lo que Dios espera de un «cristiano». El Señor, sin embargo, ha prometido consolar a los débiles y quebrados, no a los fuertes. Los salmos están repletos de manifestaciones de la humanidad de quienes escribían. Dios nos creó con sentimientos y el poder expresarlos es una de las maneras en las que él sana nuestros corazones. Por tanto, no intente producir en usted mismo las características que solamente pueden ser obradas por la acción del Espíritu. 3. Examine su corazón, pero no se empecine en encontrar pecado En tiempos de crisis, todos tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que esta no sea consecuencia del pecado, mas si algo en nosotros ha provocado este problema, debemos confesarlo. La Palabra no afirma, sin embargo, que todo sufrimiento es consecuencia del pecado. Cristo, aunque era hijo de Dios y sin pecado, aprendió obediencia por sus padecimientos (He 5.8). Entonces, si el Espíritu no le revela nada, no siga buscando. Tampoco escuche a quienes quieran convencerle de que «algo habrá hecho» para sufrir de esa manera. ¡Tenga paz! 4. Reafirme su confianza en Dios Cuando Juan el Bautista fue encarcelado, dudó si Cristo era realmente el Mesías tan esperado y envió a sus discípulos a cuestionar a Jesús sobre el tema. Esta es una reacción común en tiempos de tormenta pero es una que debemos evitar. Resista la tentación de cuestionar lo que en otro tiempo tenía por seguro. Los hechos no han cambiado, lo que ha cambiado es su óptica. No ceda frente a la sensación de abandono, porque esa sensación no es más que eso: una sensación. En esos momentos es importante afirmar, por fe, nuestra confianza en la soberanía de Dios. No tiene que ver con nuestras percepciones, ni con nuestros sentimientos, sino con una convicción espiritual. Esta postura traerá a nuestras vidas una cuota de tranquilidad en medio de la tormenta y una declaración sobre la cual afirmarse. 5. Postergue toda decisión importante Una de las luchas más intensas que se tienen en esas circunstancias es la de tomar decisiones apresuradas que alivien el dolor experimentado. Normalmente estas soluciones son radicales, tales como renunciar al trabajo, mudarse de ciudad, dejar la iglesia o abandonar al cónyuge. Podrán traer alivio momentáneo, pero rara vez aportan una solución definitiva a nuestra situación. Al estar sumergidos en una crisis de angustia, perdemos la objetividad y la capacidad de analizar con cuidado lo que hacemos. Por esta razón es importante tomar solamente aquellas decisiones que son indispensables para la continuidad de la vida. Postergue toda decisión importante, de otro modo, muy probablemente se arrepentirá más delante de sus acciones. Es mejor esperar los tiempos de mayor quietud y sosiego para tomar en ellos resoluciones de envergadura. 6. Busque la guía del Señor En ocasiones, es tal nuestro desgaste emocional y espiritual, que no tenemos energía siquiera para orar. En esos momentos, deberemos descansar en el cuidado amoroso de aquellas personas que Dios ha puesto en nuestro camino. No obstante, es importante reconocer que, en tiempos de crisis, tenemos la tendencia de buscar con desesperación la respuesta o la salida que necesitamos. Esto nos lleva a consultar por doquier con cuanta persona se nos cruce, lo que muchas veces produce aun mayor confusión, pues los consejos serán tan variados como las personas mismas. Por tanto, consulte solamente a aquellas personas cuya trayectoria espiritual es comprobada y tienen autoridad para hablar sobre el tema que le concierne. Sobre todo, sin embargo, procure de Dios las indicaciones que necesita. Cultive un oído atento, mientras trae sus cargas delante de él. En el momento oportuno, vendrá la directiva requerida para resolver correctamente la situación que le ha tocado vivir. Además, el hábito de venir a su presencia, una y otra vez, asegurará que la paz se instale en forma definitiva en su corazón. |
Deseo que comprendas que la adversidad que hoy puedas estar viviendo, es un proceso. Si amas a Dios debes de tomar lo bueno y desechar lo malo.
Cuando tengo la oportunidad de compartir la Palabra, siento una gran responsabilidad, pero también un gran gozo. Para mí, la Palabra ha sido mi sustento en los momentos más difíciles de mi vida. Mucha gente cree que or ser pastores, no tenemos problemas en la casa, familia o negocio, o que todo nos va a salir bien, pero quiero decirle que el servir a Dios de tiempo completo, no garantiza que no habrá situaciones adversas.
A veces nos vemos en situaciones que a no ser por la Palabra de Dios, no saldríamos de eso. Quiero compartirle hoy una de las vivencias que son la clave para soportar esos momentos difíciles, en los que las promesas de Dios nos sostienen. ¿Cuántos de los que están aquí se han defendido con la Palabra de Dios en medio de una crisis? ¿Cuántos de los que están aquí saben cómo estar parado en el momento preciso en que se recibe algo adverso? A lo largo de la vida que Dios me ha dado, he tenido diferentes tipos de problemas; he hecho buenos y malos negocios, los malos me han angustiado en su momento. Uno se pregunta: “¿A qué hora me metí en eso?” y “¿Cómo voy a salir de eso?”. Aquellas situaciones familiares que uno no mira ni principio ni fin, y he creído que algo demasiado malo me está pasando, y que Dios no está en control de ello. Pero la Palabra que les voy a compartir es la que me ha ayudado a salir de esas crisis.
No se cuál es la problemática que puedes estar viviendo hoy, o en las decisiones que estás por tomar, pero hay decisiones que uno siente que algo grande se le está viniendo encima. Las primeras preguntas que uno se hace son “¿qué hice? ¿Qué no hice? ¿A qué hora no tuve tal control? ¿A qué hora se me pasó éste que no me quiere pagar? Y empieza uno a buscar un culpable. Al que primero le echa la culpa es al diablo, y él tal vez ni se metió ahí. Quiero contarle que el diablo no es omnipresente, ni omnisciente, es sencillamente un ángel caído del cielo, no tiene las facultades que tiene Dios. Por lo tanto, si el diablo se ocupa de uno de ustedes, difícilmente se va a ocupar de mí. A veces, está pasando por un problema o está por entrar a una de esas cosas que dice “me reventó, ya ni corro porque para dónde agarro”. No se si ha pasado por momentos en que no es momento de defenderse, ni siquiera de esperar en las promesas de Dios, sino de saber estar de pie. Si uno, por ejemplo, algo sencillo de la importancia de cómo afrontar una situación adversa.
Cuando a una persona se entrena en autodefensa, lo primero que le enseñan es a pararse. Lo más importante no es cómo usar las manos, sino cómo estar parado. Les pedí a estos tres hombres que pasaran al frente para que usted vea la diferencia. El primer hombre está parado recto, puro soldado. Yo soy el problema, la adversidad, póngale el nombre que usted quiera: pobreza, problemas familiares, escasez. El es un hombre de Dios que ve hacia el frente, que tiene los ojos abiertos y sabe cuando una adversidad le viene porque vive en santidad; pero tiene un problema: está mal parado y cuando viene la adversidad, no puede hacer nada. Al contrario Marlo, que para él es más fácil, porque ni está en la iglesia, ni entiende lo que está pasando y con un dedo lo botan. Cuando usted sabe cómo pararse, el primer impacto que reciba de la adversidad no va a ser tan potente como para botarlo. No es suficiente ver el adversario. Si lo ve y está mal parado, se va a caer. Si no lo ve, solito se cae. Pero cuando una persona está viendo lo que Dios ve, tiene una visión clara de lo que debe de hacer, pero además sus pies están colocados en el lugar correcto. Cuando la adversidad viene contra él, es mucho más fácil resistirla.
Grandes hombres de la Biblia han vivido adversidad. El hecho de ser cristiano no te garantiza no vivirlas. Un ejemplo es Daniel, un hombre bueno que por hacer lo correcto, lo metieron al horno de fuego. Nabucodonosor sacó una ley que el que no se postrara ante él, moriría. Ellos no lo hicieron, así que los condenaron a un horno de fuego. Los guardias que los llevaban se quemaron antes de llevarlos. Daniel era un hombre de Dios, lo respaldaba y aprobaba Dios en todo lo que hacía. Entonces, ¿por qué lo tiraron al horno? Y cuando lo tira a él y a sus dos amigos, dice que Nabucodonosor vio que había un cuarto hombre dentro del horno, entonces le gritó a Daniel “sal de ahí”, y dice que salió caminando sin olor a humo ni haberse quemado. Entonces Nabucodonosor reconoció que el único Dios es Jehová. Había un propósito.
El propósito en el momento en que Daniel estaba siendo presentado ante la adversidad era demasiado grande para que lo entendiera. Daniel no sabía que el propósito de Dios era que Nabucodonosor reconociera que el único dios es El. Pero como sabía estar parado, vio un problema, pero se mantuvo parado, no se resistió al proceso. ¿Qué sentido tiene que Jesús haya sido crucificado? Que tuviéramos redención.
La adversidad que hoy estás viviendo deseo que comprendas que no necesariamente es un castigo. Si amas a Dios, es un proceso. Y ese proceso puede iniciar con una adversidad, pero de todo lo que te pase, debes de tomar lo bueno y desechar lo malo.
Romanos 8:28
Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.
¿Usted puede decir hoy que todas las cosas que le sucedieron hoy van a obrar para bien? Yo acabo de pasar por un momento muy difícil, y cuando Dios me hizo esta pregunta, no le pude responder tan rápido, porque habían sido tantos problemas que dije: “¿A qué hora me perdí de Dios, y me metí en este lío? Y pedí a Dios que me ayudara cuando El me trajo a este versículo: Esto es a los que a su propósito son llamados. ¿Usted conoce cuál es el propósito de su vida? ¿Para qué nació? ¿Por qué Dios lo quiere vivo hoy, mañana? Si ha obtenido su salvación, ahí empieza nuestra relación de identidad como hijos. Y llega un momento donde las adversidades no sólo son ataques de Satanás o pruebas, sino procesos para que pueda tomar lo bueno y desechar lo malo. Cuando este en ese proceso, déle la gloria a Dios.
I Tesalonicenses 5
Así como les mostré a esos tres hombres, así Pablo enseña en esos pocos versículos cuál es la posición correcta de tus pies espirituales. Nunca se me había revelado cómo sostenerme en la adversidad. Ahora pasé por ese proceso, una escuela cara y difícil, pero si no hubiera sido por ese proceso, no pudiera obtener las cosas que ahora puedo por la fe que adquirí luego de salir de ese proceso.
Aquí Pablo empieza a hablar de personas que están presidiendo muchas cosas, pero le dicen que mantenga la paz. Tal vez presides muchas cosas, eres una persona que tiene que mantener la paz en medio de la adversidad. Empieza uno a sentir que no puede ni respirar, deja de dormir, se acuesta pensando en eso. Pero, ¿cómo conservar la paz? También os rogamos hermanos que amonestéis a los ociosos… Y cuando usted está viviendo una adversidad, lo que Satanás busca es que su ánimo decaiga, y lo primero que tiene que estar pendiente es que éste no vaya a decaer. El día que pierde el ánimo, empieza a perder la esperanza que es en Cristo Jesús, empieza a perder la confianza que las cosas que no son, pueden ser. Ahí no está metido el diablo, sino sus sentimientos. Y si con algo debe de luchar, es con su ánimo. ¿Cuántos de los que están aquí tienen una adversidad que derrotar esta semana? ¿Cómo está su ánimo? Después de esta Palabra, espero que salga con la mente en alto, confiando que Dios está con usted, no contra usted. Y dice:... que seais pacientes para con todo. Mirad que ninguno pague mal por mal. Pero usted en medio de una adversidad, si alguien le mete un empujón, de inmediato usted quiere meterle uno a otro. No podemos pagar mal por mal.
Segundo consejo: Guarde su corazón y no deje que su carne pague mal por mal. Usted pelea con su esposa, y ella le grita dos cosas feas; entonces, usted le responde tres peores. El hombre que estaba parado aquí, estaba de pie, recto, viendo el problema, pero no tenía un pie atrás, no podida soportar la presión. Un poco más de presión y se cae. Cuando recibe la presión de la adversidad, tiene la opción de balancearse con las fuerzas del Señor hasta que la adversidad pase.
¿Cuántos de aquí quieren salir victoriosos de la adversidad?
Tercer consejo: Estad siempre gozosos. ¿Cómo puede estar gozoso en medio de la adversidad? Porque yo he pasado por problemas, se lo digo. Hay momentos en que el ánimo no da, en los que uno dice “ya no puedo”. Que siente que el agua la tiene más que al cuello, echándose los primeros traguitos de agua, pero si nos mantenemos gozosos en lo que realmente es el gozo del Señor, vamos a pasar la adversidad como quien va en una balsa protegido de cualquier tormenta, como aquél que está en un castillo fuerte protegido de Satanás. Esa es la forma de soportar la adversidad; si mantiene el gozo en la salvación, va a por soportar todo. Yo soy una persona muy optimista. Pero en esa prueba que tuve, yo tenía enfocado mi gozo en algo material y no en lo espiritual, y cuando no vi resultado en ello, fue cuando el Señor me reprendió. Me dijo: El gozo es mi salvación. Recuerda que no eras nada y hoy estás vivo porque mi hijo murió en el calvario y eres salvo. En ese momento, me recuperé y dije: “Esto es ganancia”. El hecho que Dios me quiera formar, sólo es una añadidura que me provoca gozo, porque yo estaba muerto y Dios me rescató. En medio de la dificultad, no olvides lo que realmente provoca gozo a tu espíritu. No es el cheque de tu salario, no es la dificultad que venciste, es que el gozo de la salvación está en ti. Y sigue Pablo dando algunos consejos.
Orad sin cesar…
¿Sabe qué es eso? Ore hasta que salga del problema, hasta que la adversidad pase, hasta que la ola reviente y pase. No sé si ha ido al mar y se ha parado de lado, esperando que la ola pase. Pero los que están mal parados, salen raspados con la calzoneta por un lado. Si usted no sabe pararse frente a las olas, su experiencia va a ser vergonzosa, pero a los que nos gusta, sabemos cómo pararnos y es divertido. Está tomando lo bueno y desechando lo malo. No quiere decir que no va a pasar adversidades, la diferencia es cómo las pasa; si en el suelo o bien parado.
Dad gracias en todo y siempre.
¿O va a esperar que las ventas se levanten para dar gracias? ¿O a ver los resultados del examen para creerle que Dios es un dios sanador? Dé gracias por adelantado, celebre desde antes, porque usted es un hombre y una mujer que ve las cosas antes que de sucedan. ¿Cuántos de ustedes tienen la fe para ver las cosas que hoy no son como que si fuesen? Usted está poniendo la fe en lo correcto. Pero si viene a decir: “Pastor, ore por mí porque no sirvo, soy tonto, mi vida siempre ha sido así…”, no puedo orar por usted, porque no cree que puede salir de esa nube negra. El secreto es que usted se pare bien y va a seguir avanzando, y no va a parar, porque está hecho para ser cabeza y no cola. Una adversidad no lo puede vencer. ¿Cuánta lástima quiere dar para levantarse de esa lona?
… en Cristo Jesús.
Cuando de gracias, sepa y prevea estar en la voluntad de Dios. Si usted ha aceptado a Jesús, se guarda en los caminos de Dios, está haciendo las cosas dentro de la voluntad de Dios, entonces todo lo que le venga está dentro de su voluntad.
Si su ánimo decae, su espíritu también; en ese momento, las fuerzas físicas se agotan, las fuerzas emocionales se acaban y sólo Dios a través de la salvación en Cristo Jesús nos puede levantar de nuevo. Es momento en medio de una adversidad que revise qué tanto está metido el diablo, qué ha hecho usted por tomar malas decisiones, examínelo y déjelo de practicar. Si era malo, no lo practique y si es bueno, sígalo haciendo.
Absteneos de toda especie de mal…
Santificar es sinónimo de completar lo que está confuso y todo vuestro ser espíritu…
¿Hasta cuándo nos debemos de sostener bien parados frente a las adversidades? Siempre. Hasta que el Señor venga.
Romanos 8
¿Se recuerda, lo que leímos en el verso 28? Levanten su mano los que han estado viviendo en adversidad. ¿Cree que puede salir de eso hoy? ¿Puede creer que está dentro de un propósito divino para ser un mejor hombre y mujer? ¿Cree que puede ponerse de pie y creer que las cosas que ahora viven son parte de un proceso por medio del cual Dios quiere que usted sea un mejor hombre y una mejor mujer?
Verso 25
Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
Muchas veces, no sabemos cómo pedir en momentos de adversidad. He tenido momentos que ya no sé ni qué pedirle a Dios. Les pido a Dios y al Espíritu Santo que me revele lo que Dios tiene para mí. Quiero invitarlo a que levante sus manos y empiece a gozarse de la salvación que tiene en Cristo Jesús. Hoy quiero invitar a los que ya estamos en Cristo Jesús, pero que están en medio de una adversidad.
Padre, te pido que esta noche llenes a cada hombre y mujer, que a través de tu espíritu encontremos la solución de la adversidad a la cual hemos sido expuestos, sabemos que todo obra para bien, y te glorificamos y declaramos que este es un propósito divino que tienes para con nosotros. Sé que levantarás hombres y mujeres que después de esta adversidad, dirán a este monte “muévete y échate en el mar”. Recibirán autoridad para sanar a los enfermos, predicarán tu Palabra con denuedo y con fe. Declaro que las adversidades son parte de un propósito y lo encontramos tratando de salir de esa adversidad. Declaramos que de hoy en adelante, nos gozaremos de la salvación, no dejaremos de orar y te damos gracias por todo, Señor.
Tomato de www.cashluna.org


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